Cuando en aquel lejano 1944, tiempo de frigoríficos, Segunda Guerra Mundial e inmigrantes por doquier, unos jóvenes estudiantes decidieron fundar el “Centro Estudiantil Berissense”, es probable que no imaginaran los cambios que sufriría con el paso de los años. Para bien fueron algunos, otros dejaron mal sabor. Sin embargo, todo es analizable, y la historia del club que se adaptó a las circunstancias del contexto sociohistórico y cultural representa un trayecto digno de ser comprendido en las dimensiones que lo marcaron durante la década de 1970 y la de hoy día.
El Centro de Estudiantes y Egresados, con actual emplazamiento en el pasaje Perseverancia de la calle 13 de Berisso, se constituyó con ese nombre recién en 1948. Casi una década más tarde, y según como reza la historia capaz de conseguirse en la biblioteca de la entidad “Berisso en 1957 se hizo Ciudad y partido autónomo. El Centro participó en la integración de la Comisión Popular Pro autonomía y en la redacción del Manifiesto Popular que la exigía y que posibilitó en gran medida el impulso que adquirió Berisso con el gobierno propio”. El C.EY.E ya demostraba su compromiso con la ciudad, pero más que nada, con el barrio.
Las formas simbólicas producidas a través del tiempo, concedieron a la institución un aura especial para la gente de la zona. Sus intenciones, siempre de expansión de sus actividades culturales hacia los habitantes de los lugares linderos, dieron frutos en cuanto deportes como el básquet, actividad de gran popularidad en la Argentina más allá del fútbol, se sumaron a la oferta social de sus instalaciones. Ocurrió durante los primeros años de la década de 1970, y desde ese entonces, las prácticas deportivas fueron adquiriendo cada vez mayor importancia. Todo gracias al aumento cuantitativo del número de socios y los lazos sociales forjados por el “Centro”, como tradicionalmente lo conoció Mirta Hiser, integrante de la comisión directiva de aquella época y ex presidente de la entidad.
Hiser recuerda: “Había muchos chicos jugando en la calle al básquet, hijos de socios que no sabían donde dejarlos, porque clubes como Estrella habían dejado de practicarlo, y se les proporcionó el espacio físico que necesitaban”. Y agrega: “Lo que se hizo alrededor del 78 y 79 fue institucionalizar al básquet en la Asociación Platense de dicho deporte”. Así comenzó el viaje del C.E.Y.E por la actividad deportiva, al punto de incorporar también el voley. Los bailes de los viernes (como reunión deseada por los jóvenes de aquel entonces) fue otra práctica cultural instaurada, representando el espíritu del club como uno social y cultural por sobre todas las cosas.
Se entiende la importancia de la actividad cultural de la institución si se tiene en cuenta la movilidad que tuvo en sus inicios. Cinco veces cambió de vivienda hasta que finalmente pudo adquirir la propiedad que actualmente mantiene desde 1967. Pero pese a ello, acogió en sus instalaciones a íconos musicales, de la literatura y de la política: el famoso Coro Universitario de La Plata , Jorge Luis Borges y Ricardo Alfonsín, entre otras extraordinarias figuras , pasaron en distintas décadas por allí. Salvando las distancias y trasladando ello al deporte, el club respondió a los deseos de jóvenes que provenían de otras entidades, asimilando tanto una demanda interna como externa debido a la transformación de la ciudad que lo erigía como único lugar en dónde practicar deporte.
Respetando el concepto de “hegemonía” planteado por Raymond Williams, el C.E.Y.E ha negociado y constantemente negocia su estabilidad en el mapa capitalista que parece no permitir la existencia de clubes sociales sin fines de lucro. Subsidios de la provincia o del Estado tienen que llegar en un par de ocasiones al año, a veces a pedido expreso de la entidad. También se sustenta con el arancel a las prácticas deportivas y la cuota societaria, pero no es un ingreso excesivo de capital.
Otro ejemplo de lucha por un territorio más que simbólico es lo que explica otra ex presidente del club, Carolina Piesciorovsky: “Queremos adquirir la propiedad lindera al club para poder extender la biblioteca siempre del lado de arriba (antes sufrió inundaciones), y así poder mejorar la calidad del servicio prestado a la comunidad de Berisso”. La biblioteca es un patrimonio muy querido en el C.EY.E, casi como una reminiscencia del folklore pasado que explica Tulio Hernández, y destinado a proteger como tesoro de la cultura popular. Allí parecen recordarse las reuniones estudiantiles del antiguo Centro, ahora convertido en un nuevo término deportivo, según Mirta Hiser: “Soy del ceye se dice ahora, y hay gente que no sabe qué quiere decir”.
La institución demuestra seguir su camino de expansión social, con la inclusión de talleres de vitral y bordado además de sus respectivas muestras de fin de año. Son prácticamente rituales, gestos proporcionados por la entidad para captar y reafirmar a las personas en un colectivo mayor, en el que se sientan identificados con un club que perdió algo de brillo tras la eliminación de los tradicionales bailes. Las peleas entre jóvenes, por motivos que Hiser no se puede explicar, generaron la suspensión de una celebración histórica, también ritual de unificación simbólica de los practicantes de las actividades, al interior de una pertenencia al club.
A pesar de que el deporte se antoja como un sentido de hogar cada vez mayor, respecto de cualquier club social, el C.E.Y.E no ha perdido aún su carácter estudiantil. No se verá en la cancha del gimnasio, en las esquinas o en la entrada, conservada intacta desde su inauguración, pero se nota en una dirigencia que busca incorporar ciertos valores del pasado, sin perder la confianza de sus socios ya acostumbrados a la era actual de la revolución tecnológica que dice no necesitar las experiencias selectivas anteriores. Y sin renunciar a un estilo familiar que hace honor a su participación en la Federación de Entidades de Bien Público de la ciudad de Berisso.

